Las ciudades


El cambio climático, la acidificación del océano y la deforestación destruyeron el mundo en el siglo XXII. Solamente los núcleos urbanos principales pudieron sobrevivir creando microclimas y atmósferas locales gracias a las fábricas de oxígeno. La población humana se esconde en las urbes, sabedora de que las fábricas de aire que controlan las élites son lo que les separa de la muerte.
Hay pocos lujos en el mundo del futuro, la gente sobrevive vendiendo lo que tiene, trabajando en cuadrillas para recuperar materia prima de los inmensos vertederos legados del pasado, cultivando su comida entre la inmundicia o trabajando en las granjas fuera de las ciudades. Granjas que son campos de trabajo en todo menos el nombre, de las que nadie vuelve para poder contar nada y de las que nada se sabe. Sin embargo, no todo el mundo sobrevive en estas condiciones. Las Torres son los grandes complejos de lujo que sobreviven de la Edad del Despilfarro. Cerradas en entornos estancos, con ambientes limpios y disfrutando de todos los lujos que quedan y las maravillas de la tecnología.
Entre las Torres y el Arrabal está la línea de defensa del triste equivalente de la clase media. Un anillo fortificado que separa el lujo de los excrementos, el Distrito Corporativo, o Subcorp. Las viviendas de mejor calidad que rodean a Las Torres y donde habitan los trabajadores de las corporaciones y los empleados que cada día entran en la cúpula del lujo para servir a los afortunados. En el Subcorp hay patrullas policiales que defienden a quienes pagan su seguro, hay luces en las farolas y asfalto en el suelo. Un lujo para los desposeídos más allá de los muros y los controles policiales.

Una Noche en Madrid

La ley


Cuando los gobiernos fueron sustituidos por las corporaciones multinacionales, las leyes de protección del ciudadano fueron desapareciendo en favor de las leyes internacionales de comercio. Tras un proceso de propaganda libertaria, todo aquello que regulara el estilo de vida (especialmente el estilo de comercio de las empresas) se tachó de fascista, contrario al progreso y despreciable. La ley pasó a ser papel mojado, solo disponible para aquellos que podían pagarla. La libertad es el regalo de las corporaciones. Haz lo que quieras, si pagas tu seguro, serás defendido. Si no, defiéndete solo. La administración de justicia y la protección es impartida por la policía corporativa, que solo defiende a quienes pagan su cuota.

En el Arrabal, la policía apenas tiene fuerza. No es rentable, la gente no puede pagar, y es la mafia quien controla la vida en las calles mugrientas.

Dentro de Las Torres las cosas son algo diferentes. Existen leyes y servicios de seguridad. Nadie quiere ser apuñalado por otro más rico. Son gente civilizada.
Solo una ley se hace cumplir en todas las partes de la ciudad. El acta de Merkel, que prohíbe el consumo de la droga de la juventud, el Ponce, a quienes no paguen un impuesto desorbitado. De esa manera, solo los habitantes de Las Torres tienen derecho legal a vivir eternamente jóvenes.

Las Parcas


Los oficiales de delitos de asenescencia, llamados comúnmente "Parcas", son rastreadores asesinos dedicados a buscar a los consumidores ilegales de Ponce. Sacados de los más eficientes miembros de la policía corporativa, la mafia y los cuerpos de élite, las Parcas eligen perseguir a los "esquivadores" a cambio de una paga ridícula y un permiso temporal para usar Ponce. A cambio de cazar a los ilegales, pueden consumir el suero que les roban.

El Suero de Ponce


Creado a mediados del siglo XXI, el Suero de Ponce regenera los tejidos envejecidos. Una tarda una media de dos días en hacer efecto y recupera unos 10 años de vida. Tras hacerse público, el precio era tan alto que solo los muy ricos podían pagárselo, pero pronto aparecieron copias baratas que la gente consumía con varios desastrosos resultados, el primero mutaciones horribles y tumores, el segundo, la superpoblación y la escasez de recursos. Por eso se dictó el acta de Merkel y se emprendió una campaña brutal de desprestigio contra los consumidores ilegales. Se les presentó como sanguijuelas robando el futuro a las siguientes generaciones, mientras que los "santos" consumidores legales sufragaban con su impuesto el bienestar del resto, pagando las fábricas de aire y los servicios mínimos. Nadie lo creyó del todo, pero tampoco nadie mostró mucha simpatía por los esquivadores. Después de todo, ¿quienes eran ellos para vivir más que los demás?

La Iglesia Neocatólica


Mientras el mundo se maravillaba con la posibilidad de vivir largamente y con juventud, la Iglesia Católica, casi desmantelada, desacreditada y una sombra de lo que había sido, financiaba varios programas de ingeniería. Uno de ellos, el de Demian Jobs, investigaba la consciencia humana y la posibilidad de almacenarla en un soporte digital. Su logro fue acogido en secreto con alegría, y su temprana muerte considerada un martirio por la Iglesia, que nacía renovada con el nuevo testamento de Jobs y su herencia: un cielo e infierno reales, físicos y demostrables. La vida eterna para el alma... para el alma capaz de pagar los costosos soportes informáticos para mantenerla. Privados de la posibilidad del Ponce, las masas miserables se volvieron con esperanza al nuevo cielo que presentaba el Neocatolicismo. Un cielo donde podían ver a sus muertos... o un infierno donde llorarlos. El protocolo Pedro mide los pecados y los méritos de los devotos, y a su muerte, su alma es volcada y juzgada en función de un simple algoritmo. Rezar da puntos, pecar los quita. Pero lo que realmente da puntos es pagar.